Regreso agitada y burbujeante
presionando con los dedos
el cuello
del cristal que envuelve al vino
Regreso redonda y satisfecha
frondosa y perfumada
con las carnes tambaleantes
y envinados mis sabrosos frutos
él dijo:
me molesta tu perfil
de gesto seguro y suficiente
sólo eres una mosca gorda
mosca negra peluchuda
e inflamada
de siniestros pelos
Ruedo por la inmensa cama
Me desprendo de una tela
entallada y descosida
le confirmo
que soy negra y sucia
negra de carne dulce
carbón de azúcar
mosca exótica con vientre acústico
forrado de terciopelo
una cajita pequeña de resonancias
Confirmo que soy negra
y deliciosamente gorda
y que en alguna parte olvidé las pantaletas
él dijo:
me enoja cuando bebes
arrogante elevas el meñique de tu mano
eres perra añeja
que provoca
carnívoros deseos
dan ganas de hacerte tierra
y cocer un jarrón de tu barro
Sonrío
me acomodo y le reitero
que soy negra y mala
negra de labios gruesos,
que la forma de la hembra madura
se impone
y concentra la elegancia
de lo abundante,
le da poder al cuerpo
que tengo los pezones zarzamora
que estoy desnuda
y se me dibujan grietas
que adornan mis nalgas
con la textura del satín
él dijo:
me haces falta
Adormilada
abro las piernas
que atesoran mi sexo oscuro
inflamados sus pequeños olanes magenta
en esta flor clava su lengua
no me molesto con él
sé que tiene hambre
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sábado, 12 de enero de 2008
sábado, 21 de abril de 2007
Sangrías
I
Mírame
No te niegues
Arrastra las cuatro puntas de la puerta
Desclávalas
Rechina el aire
Abre el hueco
Que no te aplaquen los alfileres en las sienes
ni la enfermedad de un virus
trizándote los huesos
secreto veneno que cimbra tu espalda
que como el goteo del silencio
se acrecienta
y aún cuando el dolor pudiera ser música
no te detengas
gime la tensión violenta del cuerpo
cautivo en un trazo
que jala la línea del verso
Levanta las uñas
Arranca la puerta
y mírame
con esos ojos
que son tan negros
que no miran
Revienta las sombras
Revienta
porque si descuidas
te desgarro en el piso
te revuelco de angustia
y te amarro al poema
Mírame
No te niegues
Arrastra las cuatro puntas de la puerta
Desclávalas
Rechina el aire
Abre el hueco
Que no te aplaquen los alfileres en las sienes
ni la enfermedad de un virus
trizándote los huesos
secreto veneno que cimbra tu espalda
que como el goteo del silencio
se acrecienta
y aún cuando el dolor pudiera ser música
no te detengas
gime la tensión violenta del cuerpo
cautivo en un trazo
que jala la línea del verso
Levanta las uñas
Arranca la puerta
y mírame
con esos ojos
que son tan negros
que no miran
Revienta las sombras
Revienta
porque si descuidas
te desgarro en el piso
te revuelco de angustia
y te amarro al poema
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